Por: Angélica Ruiz Castro

Para algunos, yo diría para la mayoría, todavía no es muy claro de qué se trata el Diseño Gráfico; muchos suponen que se trata de hacer “muñecos” o “garabatos” y cobrar por esto. Suponen también que es una profesión muy relajada y que los diseñadores vivimos bien, sin preocupaciones porque es una profesión fácil y entonces los diseñadores nos sentimos ofendidos e incomprendidos; no entendemos por qué la gente nos menosprecia, pero ¿qué podríamos esperar?

Creo que los diseñadores nos hemos dedicado a quejarnos y de cierta manera, hemos caído en la misma incomprensión por el otro, no vemos que los no diseñadores piensan lo que piensan simplemente porque no saben de qué se trata la profesión, ven sólo el resultado final de nuestro trabajo sin saber el proceso que hemos hecho y por esto les parece que es algo fácil de hacer. Así, lo que pretendo con este artículo es mostrar un poco del mundo del diseñador gráfico.

Tengo que empezar por darles un poco de razón cuando creen que el diseño gráfico es una profesión relajada, y no precisamente porque sea fácil, sino porque es divertida, cada proyecto que empezamos es un mundo diferente, un viaje donde tenemos que empaparnos de todos los temas antes de empezar a diseñar.

Esta profesión se resume en comunicar ideas, nuestra creatividad tiene un propósito, está al servicio de otros; no es arte, porque allí cada artista es subjetivo, comunica su propio mensaje y no es vital que todo el que vea su obra la entienda; en cambio los diseñadores intervenimos entre nuestro cliente y los usuarios, somos el puente que los une y que permite que exista una compra, tenemos que ser 100% objetivos, teniendo en cuenta al cliente, sus deseos y balancear esto con las necesidades de los usuarios, sus gustos, entre otros factores. Y obtener como objetivo final, un mensaje bien construido y que llegue bien, somos “mensajeros de ideas”.

Puede que de lejos parezca muy fácil, de hecho muchos de nosotros, antes de decidirnos por esta profesión, pensábamos que era sencillo, ya que no tenía mucho que ver con matemáticas, física o química; pero la realidad es que a veces es más fácil depender de fórmulas: en diseño no hay fórmulas, cada proyecto es único y necesita de su propio proceso, ya que siempre se va a comunicar un mensaje diferente para personas diferentes.

Eso es lo que hace al diseño gráfico tan divertido, el no repetirse y buscar siempre la mejor solución. ¡Eso es gratificante!

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